Condiciones laborales y protesta social a comienzos del S.XX. Análisis fotográfico: La huelga de cigarreros de Buenos Aires (1904)

Comisión de Huelga de Cigarreros y Cigarreras. 1904, Buenos Aires. Fuente: Archivo Gráfico de la Nación

 

Por Nicolás Perez Cotten

 

   1904: treinta personas -adultos y niños, hombres y mujeres- ocupan el espacio frente a una cámara fotográfica. Los hombres visten todos de negro o colores oscuros y portan sombrero; las mujeres, en cambio, se diferencian por un código de vestimenta de tonos claros, así como por la ausencia de saco y sombrero.

   En algunos lugares apretados y en otros dispersos, de manera un tanto desprolija, se disponen en tres filas: En las dos superiores se acomodan mayoritariamente las figuras adultas -con las mujeres agrupadas a la derecha- todas ellas miran hacia adelante, de forma impasible o solemne, determinada. En forma contraria, la fila inferior se compone en su totalidad por niños y jóvenes, y algunos de los más chicos muestran asombro o temor – ¿será la primera vez que ven una cámara fotográfica? – otros, también, miran casi desafiantes al espectador. Tres jóvenes sostienen un periódico en sus manos, y varios de los agrupados fuman.

   Se posicionan de tal manera en la habitación, que en lo alto y al centro de la imagen, casi como si se tratase de un santo patrono, los consagre un cuadro de Karl Marx. Dos escudos a cada lado se ven rodeados por banderas -posiblemente rojas-, y un cartel en la parte izquierda anuncia el lugar donde fue tomada la fotografía: en el local de la Sociedad Cosmopolita de Obreros Pintores de Buenos Aires.

   Suena el click del obturador, y la escena queda inmortalizada cómo un recorte parcial de la realidad de la época, de un grupo humano en una situación precisa.  Hoy, 114 años después, habiendo leído a Samuel, entendiendo que toda fotografía tiene su armado y construcción – y que el mismo no es casual sino orientado a un fin determinado- surgen algunas preguntas: ¿Cuál es el contexto de esta fotografía? ¿Puede contarnos una sola cosa, o, contraponiéndola con el presente, varias? ¿A qué se debe la reunión, y cuál es la intencionalidad detrás de su ejecución? ¿Para quién posan?

 

Introducción a la fuente

   Para entender plenamente el sentido de la fotografía, debemos recomponer el contexto con información externa a la misma desde nuestra posición de actores privilegiados. Es una foto no casual ni improvisada, sino cargada de un sentido deliberado; nos lo dice la disposición de los cuerpos, la adscripción a una ideología en la presencia del cuadro de Marx, y su ubicación en el local de una organización obrera.

   En principio, podemos ayudarnos a darle sentido al revisando bajo que descripción fue registrada la fotografía en el Archivo Gráfico de la Nación; vemos entonces que ha sido descripta cómo: “Comisión de Huelga de Cigarreros y Cigarreras 1904. Buenos Aires.”. Esto explica el sentido eminentemente político de la fotografía, la emoción general transmitida por los presentes en la imagen, la presencia en un espacio político y de los trabajadores; como hipótesis podríamos suponer que la fotografía fue sacada entonces para la prensa, o con el objetivo general de recordar la asamblea obrera corporeizando su identidad ideológica y celebrando la reunión, creyendo en un ideal de lucha y queriendo dejar grabado el encuentro para la posteridad.

 

El trabajo infantil en la Buenos Aires de comienzos del S.XX

   Habiendo determinado la situación de la fotografía, hay un elemento que nos habla del contexto histórico y que enseguida nos hace ruido por contraposición con las condiciones productivas actuales. Estamos refiriéndonos a la presencia de niños trabajadores en la comisión de huelga, presencia que – junto con la de las mujeres- enfatiza o busca enfatizar la plena representatividad del comité.

   Sobre el trabajo infantil en la época nos habla principalmente Suriano. Él, explica como nuestro país era uno de los pocos en aquel momento que no tenía reglamentadas sus relaciones laborales por el Estado: recién en 1907 se sancionó la ley proyectora del trabajo femenino e infantil, basada en un proyecto del diputado socialista Alfredo Palacios, y, aun así, la costumbre del trabajo infantil pervivió ya que el Departamento Nacional del Trabajo (inaugurado el mismo año) no poseía el presupuesto suficiente para realizar inspecciones rutinarias.

   Según cuenta, los menores tuvieron una inserción temprana en el sistema laboral cumpliendo ya en 1870 el rol de ayudantes y aprendices de oficios artesanales. Para la época de la fotografía, sin embargo, se los empleaba en tareas donde la destreza suplantaba a la fuerza, propias de la creciente automatización; eran por su tamaño y agilidad, excelentes auxiliares para la limpieza o el uso de las máquinas.

   Por la evasión de los censos por parte de sus padres así como de los empresarios, no se cuenta con cifras confiables sobre los menores de edad empleados en la industria manufacturera, sus edades y la duración  de su jornada laboral, sin embargo se estima que en 1904 representaban una décima parte de los obreros ocupados, y -por los índices de abandono escolar- que su edad de incorporación a las fabricas rondaba los nueve o diez años de edad: para su empleo, muchos niños eran retirados de los colegios una vez que poseían las nociones elementales para ser incorporados al trabajo; esto era así ya que trabajo y escolaridad eran incompatibles por el tiempo que consumía cualquier trabajo, pocas veces inferior a las ocho horas diarias laborables. También, es sabido que el día laboral del niño solía comprender más horas que el del adulto, ya que preparaban el trabajo de los mayores y antes de salir debían limpiar las máquinas y el establecimiento.

   ¿Qué los empujaba a la labor fabril? principalmente las necesidades económicas familiares, producto de los bajos salarios percibidos por sus padres o su desempleo. La inestabilidad propia de un mercado de trabajo de carácter estacional -así como las crisis económicas- hacían a veces más fácil la inserción de ellos a un taller o fabrica por el escaso sueldo que percibían. Era un tipo de mano de obra que se acrecentaba cubriendo la falta de brazos estacional y evitando que se eleven los salarios. A su vez, la docilidad y obediencia de los niños proveía una regularidad y rendimiento que era difícil asegurar mediante el empleo adulto.

   ¿Cuál era su situación en la industria?, ¿Cuáles sus padecimientos particulares? Las condiciones de las fábricas y talleres eran comunes a todos: hacinamiento, ruido, escasa luz, falta de ventilación. El contacto permanente con el tabaco resultaba nocivo para los empleados, especialmente para su sistema respiratorio. Los reglamentos internos de las fábricas y talleres imponían multas a los trabajadores por cualquier distracción de la cadena productiva, descontándose éstas de sueldos ya de por sí magros; con frecuencia, además, ocurrían graves accidentes por los cuales no gozaban de indemnización, quedando los empleados severamente incapacitados y convirtiéndose en desocupados crónicos o vagabundos.

   Pero a todo esto se añade en el caso de los niños la monotonía, la presencia en un entorno no acorde a las necesidades físicas e intelectuales de su edad. El niño vivía el brusco pasaje de la escuela a la fábrica, donde tenía que pasar por periodos de aprendizaje no remunerados, y recibía ordenes tanto del dueño como de los obreros. El estado, por su parte, se hallaba más preocupado por evitar que los menores se volcaran a las calles y a la delincuencia juvenil. Veía el trabajo como una actividad disciplinadora junto con la creación de orfanatos, y por lo tanto no existió ningún tipo de reglamentación gubernamental; esto generaba múltiples situaciones de abuso: salarios miserables, largas jornadas de trabajo y la incorporación de niños muy pequeños.

   Suriano hace alusión directa a la participación de los niños en esta huelga, pero advierte que lo hicieron detrás de los planteos esgrimidos por los obreros adultos. Sería quizás apropiado explicar que esto no solo se debe a la minoría de edad de los niños, sinó a – como plantea Korzeniewicz – un desigual poder de negociación entre los propios trabajadores, divididos entre “calificados” y “no calificados”.

 

La modernización de la industria. Mujeres y niños -el trabajo “no calificado”-

   La instalación de grandes empresas en las zonas urbanas (junto con la introducción de maquinaria) facilitaron la contratación de mujeres y niños, reduciendo así los costos laborales. Particularmente en la industria de los cigarrillos, los trabajadores especializados fueron desplazados con rapidez; la mecanización se utilizó rápidamente y en gran escala trocando la constitución de la mano de obra. Conjuntamente a estos cambios se incorporó la electricidad, alargándose las jornadas laborales, y se aprovechó el socavamiento del control artesanal de la producción -con la introducción de los no calificados- para establecer reglamentos de compañía.

   En este sentido, si prestamos atención a la foto y hacemos un análisis cuantitativo de los presentes veremos que de las 30 personas que integran la comisión organizadora de huelga, 7 son mujeres y  23 hombres; que de las 7 mujeres una aparenta ser menor de edad, y  de los 23 hombres, 11 o 12. Considerando el total de mujeres y niños en  18 o 19, se puede verificar el acelerado crecimiento de la mano de obra “no calificada” mencionado por Korzeniewicz, constituyendo los mismos casi 2/3 del total de los presentes el comité. Sin embargo, llama la atención que habiendo caracterizado Lobato la industria cigarrera como predominantemente femenina, los individuos masculinos del comité representen casi un 77%. ¿Era la participación sindical femenina menor?, ¿sería la mayor presencia masculina producto de su jerarquía y capacidad de negociación?, ¿o sería obstaculizada la total participación de las obreras en estos espacios?

   Korzeniewicz menciona cómo en relación con los salarios de las mujeres, los salarios de los varones eran entre un 33% y un 100% más altos, y cómo el trabajo era definido como calificado o no calificado en base a si era realizado por varones adultos o no.  En este sentido la jerarquía de trabajo estaba demarcada por las jerarquías de género, no pasaba por consideraciones técnicas sino por diferencias de salario, estabilidad en el empleo y relaciones de poder. Al respecto, puede decirse que mujeres y niños eran los más susceptibles al despido en periodos de crisis o durante caídas estacionales, ya que se consideraba menos probable una represalia violenta. Cabe mencionarse, también, que pese a su común clasificación como no calificados, en el empleo de niños y niñas se repetía la división sexual de las funciones laborales; esta división es clara en la misma fotografía por la ubicación de las mujeres todas en un mismo ángulo de la comitiva.

 

Conflictos sindicales con la introducción de los no-calificados

   Tanto desde la perspectiva de Lobato, como de Korzeniewicz, se coincide en que las huelgas de la década del 90 buscaban excluir a los no calificados o protestar por el reemplazo de la mano de obra calificada por mujeres y niños. Inicialmente, según Lobato, era una tarea dificultosa para las mujeres el abrirse paso entre los obstáculos que sus propios compañeros les ponían en el camino, y participar en el sindicato. Éste era un espacio esencialmente masculino, donde también dominaba la idea de que los hombres debían proveer y las mujeres reproducir y cuidar; y por lo pronto evitó que las fabricas se llenaran de ellas pese al bajo costo de su fuerza de trabajo.

   Luego, en la primera década del siglo XX, los obreros se dieron cuenta de que uniendo fuerza con las mujeres y los niños podrían ayudarse a sí mismos y a otros a librarse de la opresión y de la explotación. Fue así como los organizadores varones de distintas ideologías promovieron la formación de sindicatos y federaciones de mujeres. Las mujeres participaron en el escenario de las medianas y grandes ciudades en la adopción de estructuras sindicales más permanentes y formales; de esta forma se aseguraba la solidaridad entre los trabajadores no calificados durante las huelgas y el cese total del trabajo en los talleres y fábricas.

 

La participación sindical femenina. Sus características y reclamos

   Aparentemente, según el registro de los periódicos, las mujeres incrementaron su participación y visibilidad sobre todo a partir de 1902, año de la primera huelga general. Puede ser por ello que la presencia de las empaquetadoras de cigarrillos en la comisión de 1904 no tuviera una representación proporcional en relación a la cantidad de obreras. Como menciona Zaida Lobato, la presencia de las mujeres en los episodios de huelga comenzó siendo subrayada para impulsar la participación de las trabajadoras y para mostrar la insensibilidad de los patrones. Su participación se fue dando también en las reuniones obreras con la toma de palabra; trastocando lo corriente en la experiencia obrera, interviniendo y dislocando el orden jerárquico y la idea de autoridad.

   Además de las condiciones de trabajo comunes a todos, la búsqueda de mejoras salariales y el interés por conquistar la jornada laboral de 8 horas, ¿cuáles fueron sus motivos para la adhesión a las jornadas de lucha? Había situaciones que las afligían particularmente a ellas; en el caso de las cigarreras, fueron encontrándose más amenazadas que los varones por la introducción de máquinas. Por otro lado -y más generalmente- sufrían malos tratos y situaciones hostiles de manera continua por parte de capataces y jefes, y, a sabiendas de que era menos probable que reaccionasen violentamente, eran sometidas a continuas incitaciones sexuales. También eran vigiladas más tenazmente que los hombres (impidiéndoles hablar o reduciéndoles el tiempo para ir al baño) y tenían que soportar la coerción ejercida por sus propios compañeros varones.

 

Contexto político-social: identidades migratorias, exclusión política, movimientos de izquierda

   Hasta ahora hemos hablado de los diferentes actores presentes en el comité de huelga y de sus condiciones laborales, esto nos sirve para entender sus motivaciones inmediatas; sin embargo, hay elementos en la fotografía que resta sean analizados, así como un contexto político-social mayor en el que debemos enmarcar el suceso. Enfoquémonos en primer lugar en el lugar en el que se encuentran, el local de la “Sociedad Cosmopolita de Obreros Pintores de Buenos Aires”. Claramente, siendo los allí reunidos pertenecientes a otro gremio, debe haber algún vínculo de solidaridad intergremial que favorezca la prestación de la locación para que se lleve a cabo la reunión de la comisión de huelga. Por otro lado, llama la atención la presencia de la palabra “Cosmopolita”. La misma se repite tanto en el nombre de la sociedad de obreros pintores, como en la de los cigarreros (“Sociedad Cosmopolita de Cigarreros de Buenos Aires”, según el AGN). ¿Qué significa esta palabra? La convivencia de personas naturales de diferentes países. Nutriéndonos del texto de Falcón podemos afirmar que la mayoría obrera estaba compuesta por inmigrantes europeos, que habían migrado a la Argentina por las campañas de propaganda efectuadas por el poder ejecutivo en el exterior. Los obreros porteños pertenecían la mayor de las veces a comunidades organizadas en torno a su misma procedencia étnica o comunidad lingüística; mantenían vínculos con sus zonas de origen.

   Políticamente, las mayorías trabajadoras e inmigrantes se veían marginadas del régimen, el cual tampoco aseguraba el correcto funcionamiento de los mecanismos electorales – que eran fraudulentos-. En este contexto las ideas de izquierda fueron adquiriendo peso político-sindical en los principales centros urbanos compuestos por extranjeros. Esto está a simple vista en la fotografía de nuestro análisis:  la organización de los obreros en torno a periódicos y organizaciones partidarias, así como su adhesión a una ideología particular -socialismo o anarquismo, principalmente-, está plenamente expresada en los diarios que sostienen los jóvenes de la fila inferior, así como en el evidentísimo cuadro de Karl Marx asomando por encima de la asamblea.

 

La respuesta estatal a la “cuestión social”

   La erupción de la “cuestión social” se dio a partir de 1902; tanto en aquel año como en el de nuestra fuente (1904) se dio la unión entre socialistas y anarquistas en una huelga general con reivindicaciones de tipo económico. Suriano muestra que la respuesta formulada por el estado respecto a la escalada del conflicto social y las huelgas – que terminarán de estallar a comienzos del siglo XX.- será fuertemente represiva. En este sentido, el Estado entenderá los conflictos entre obreros y capitalistas como resultantes de la amenaza ideológica extranjera y como un asunto puramente policial; leerá el conflicto en clave moral y fomentará la emisión de la ley de residencia en 1902, la cual permitió la expulsión de los inmigrantes del territorio sin juicio previo. Hubo algunos intentos de combinar coerción y consenso en nuestro año de análisis:  Joaquín V. González trato de implementar una Ley Nacional del Trabajo para mediar los conflictos, pero la misma no fue sancionada, y debió esperarse hasta la constitución del Departamento Nacional del Trabajo en 1907 para que la postura gubernamental mudase a una táctica dual, que oscilase entre la represión y la tibia aplicación de políticas laborales. Para la época de nuestra fuente, entonces, el Estado está aún luchando por garantizar el sistema de dominación social por el simple ejercicio de la fuerza.

 

Desvelando la adhesión política del comité de huelga

   Habiendo tratado las condiciones laborales de los sujetos presentes en la fuente, las relaciones entre sí, sus comunes reclamos, y su posición mayoritaria como migrantes pertenecientes a comunidades; habiéndolos también ubicado en el contexto político-social en el que los encontramos en acción, solo queda por esclarecer la posición política de nuestro comité de huelga. Creemos que, pese a la presencia de un cuadro de Marx, no es tan evidente como uno podría pensar su filiación al socialismo.

   Para introducir la cuestión, Falcón nos muestra que se gestaron tres movimientos autónomos y anticapitalistas con aspectos diferenciados entre sí: El Anarquismo, el Socialismo, y el Sindicalismo Revolucionario. Ellos se constituirían como dirigentes del movimiento obrero en diferentes etapas y dimensiones, difundiendo sus ideas a través de diarios propios. En el momento de nuestra fuente, había dos grandes centrales sindicales: la UGT (de tendencia Socialista y Sindicalista Revolucionaria) y la FORA (de tendencia Anarquista organizadora).

 

 ¿Qué caracterizaba a cada movimiento de izquierda?

   Los anarquistas combatían y rechazaban de plano todas las tentativas reformistas propiciadas tanto por la oligarquía gobernante como por el socialismo. No veían en la salida electoral una posibilidad y rechazaban el ingreso a la política burguesa; tampoco estaban en contra de las organizaciones de grupos en torno a procedencia étnica o comunidad lingüística, ni se oponían a la supervivencia de las identidades étnicas. Como eran antipolíticos no se preocupaban por la naturalización de los extranjeros. Fomentaban formas organizativas para la conquista de mejoras inmediatas en las condiciones de los trabajadores, aunque siempre en el camino de la huelga general insurreccional. Mantenían un discurso anti-autoritario, anti-represivo y anti-militarista en una época de persecución estatal.

   Al respecto del socialismo, puede destacarse de su programa la construcción de un partido basado en una doble estrategia, orientada por un lado a convertirse en un instrumento apto para la consecución de mejoras económicas y sociales para los trabajadores, y por el otro, como un partido de reformas democráticas. En un principio vinculaban estrechamente lo político con lo sindical. Por su carácter político y su pretensión electoralista, el socialismo buscaba la argentinización del movimiento obrero, en su mayoría inmigrante, para la acción parlamentaria futura. Los socialistas no apoyaban generalmente la huelga general, y los anarquistas rechazaban la acción política privilegiando en cambio una postura anti-estatal.

   Cuando se fracciona la FOA y los socialistas forman la UGT, mantienen la central ideológicamente abierta a otras corrientes y partidos -en lo que Mazzola llamaría una política “neutralista”- logrando en principio permanecer en una formación sobre la cual perdieron el control. Los Sindicalistas Revolucionarios, quienes quedaran en control, conformarían el ala izquierda de la UGT, que romperá con la política socialdemócrata. Compartían el anti-politicismo y anti-estatismo de los anarquistas, sin embargo, ellos no buscaban tomar la vía insurreccional, sino que interpretaban al sindicato como el eje presente y futuro de toda la vida social y política sobre el cual debía constituirse la clase obrera. No toleraran en este sentido los intentos de organización sobre principios étnicos porque asumen estos particularismos como impedimentos en el camino de la unidad obrera.

 

Análisis de los caracteres ideológicos de la fotografía

   Considerando íntegramente las características de cada corriente, hay varios elementos en la foto y en los textos bibliográficos que podrían resultar contrarios a asimilar la pertenencia de la comisión a una corriente socialista. Vemos, por un lado, en el texto de Lobato que un año después la Sociedad General de Tabaqueros estará integrada a la FORA anarquista; también vemos que este comité de huelga es cosmopolita, lo cual indica una aceptación de las comunidades étnicas o lingüísticas contraria a la política de nacionalización socialista. Sin embargo, sabemos que los anarquistas eran menos tolerantes con la presencia de niños en las fábricas, y propugnaban que los propios trabajadores luchasen por su exclusión del ámbito productivo; mientras que los socialistas creían que las transformaciones políticas y económicas hacían imposible evitar el trabajo infantil, buscando su regulación.

   Parece difícil saber a ciencia cierta la adscripción ideológica del grupo; el cosmopolitismo resulta ser el mayor obstáculo para que este grupo encaje dentro del “paradigma socialista”. Sin embargo, se debe entender que – Según dice Korzeniewicz- entre el discurso de los anarquistas y de los socialistas existió un amplio espacio ocupado por la mayoría de las organizaciones obreras, y en muchas ocasiones enfrentamientos entre trabajo, capital y sindicatos tuvieron lugar por fuera de los límites de las organizaciones políticas.

   Otra respuesta posible es que este grupo forme parte de la corriente del Sindicalismo Revolucionario producto de la primera escisión del socialismo. Según Mazzola, los centros que la protagonizaron emitieron (desde una postura “internacionalista” y “obrerista”) fuertes críticas a la “nacionalización” del partido y al énfasis del mismo en la acción política -en desmedro de la gremial-. ¿Podría ser que, formando el grupo parte de esta corriente, se interpretasen a las múltiples identidades étnicas como tolerables siempre que primase la lucha sindical? Esta posibilidad explicaría la admisión de identidades étnicas en la lucha sindical, así como la adscripción a la corriente socialista, anunciada en la presencia del cuadro de Karl Marx.

 

FUENTES

-Falcón, Ricardo: “Izquierdas, régimen político, cuestión étnica y cuestión social en Argentina (1890- 1912)”en Anuario 12, segunda época, Escuela de Historia de la Universidad de Rosario, 1986/7.

-Korzeniewicz, Roberto: “Agitación obrera en la Argentina” en Latin American Research Review, Vol. XXIV, Nº 3, 1989. Traducción de la cátedra (edición OPFyL, 2005).

-Lobato, Mirta Zaida: “Historia de las trabajadoras en la Argentina (1869-1960)”, Buenos Aires, Edhasa, 2007. (Capítulo 3: “Horas proletarias, acción colectiva y organización”

-Lobato, Mirta Zaida: “Memoria, historia e imagen fotográfica: los desafíos del relato visual”, en Anuario, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de la Pampa, Año 5, Nº 5, Santa Rosa La Pampa, 2003.

-Samuel, Raphael: “El ojo de la historia” en Entrepasados, Año IX, Nº 18/19, 2002

-Suriano, Juan: “El estado argentino frente a los trabajadores urbanos: política social y represión, 1880- 1916”, en Anuario 14, segunda época, Escuela de Historia de la Univ. de Rosario, 1989-90.

-Suriano, Juan: “Niños trabajadores. Una aproximación al trabajo infantil en la industria porteña de comienzos del siglo”, en Diego Armus (comp.), Mundo Urbano y Cultura Popular, Buenos Aires, Sudamericana, 1990.

 

 

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