La Guerra de la Triple Alianza. Diferentes interpretaciones, un mismo conflicto

Cándido López; Óleo sobre tela; 1889; "Episodio de la Segunda División Buenos Aires, en la Batalla de Tuyutí, 24 de mayo de 1866, República del Paraguay".

 

Por Nicolás Perez Cotten

 

   La Guerra del Paraguay -o Guerra de la Triple Alianza- fue un conflicto militar que enfrentó a la alianza conformada por Brasil, Argentina y Uruguay contra la República del Paraguay entre los años 1864 y 1870.  Debido a su central importancia en la constitución de los Estados modernos, este conflicto generó una polémica que se mantiene hasta la actualidad. En relación con la misma, puede decirse que distintas corrientes historiográficas interpretan las causas, consecuencias y  la magnitud del conflicto en forma diferente.

   Inicialmente, pueden afirmarse dos posturas claras; aquella del revisionismo histórico y aquella de la historiografía liberal clásica. La primera explica la guerra dándole un papel predominante a los intereses británicos, los cuales -presuntamente- habrían buscado a través de sus aliados regionales extender al Paraguay un modelo neocolonial de apertura comercial. Como ejemplo de esta corriente tomaremos la interpretación de León Pomer.

   En segundo lugar se encuentra la postura de la historiografía liberal clásica; esta verá como motivo de la guerra la ofensiva de Francisco Solano López, presidente del Paraguay. Esta ofensiva toma lugar cuando Brasil y Argentina intervienen en Uruguay apoyando al bando de los Colorados y su derrocamiento de los Blancos (bando conservador uruguayo, aliado del Paraguay y de los Federales argentinos); Solano López, entonces, por miedo o por una voluntad expansionista declaró la guerra a Brasil primero, y luego a la Argentina. Como ejemplo de esta corriente explicativa tomaremos a Bethell, entendiendo sin embargo que su trabajo es posterior al de Pomer, y que -pese a que coincide esencialmente con la historiografía clásica- revisa varios de los postulados de esta corriente.

   En esta entrada consideraremos los argumentos de ambas corrientes históricas; luego, tendremos en cuenta la postura de Halperín Donghi para enriquecer el debate. Su postura analiza la consolidación de los estados modernos y la formación de alianzas regionales como motivo del conflicto, dando prioridad a la situación política interna  en la participación argentina.

 

La interpretación del Revisionismo Histórico

   Los argumentos del revisionismo tienen clara muestra en el análisis que hace León Pomer de los hechos. Determinándose a analizar la guerra desde la postura de los países involucrados como estados en formación, él la explica como un conflicto entre los estados de proyectos liberales -que buscaban consolidarse en la región- contra la iniciativa paraguaya; esto se debería al carácter singular de la misma y al lugar central que ocupaba el estado como actor económico, monopolizando el comercio exterior e interno, como principal propietario de los recursos naturales y constructor de empresas y vías férreas.

   Según esta tesis, la enemistad ideológica hacia un modelo discordante se conjugaba -en primer lugar- con la necesidad de abrir el espacio para el dominio de los capitales británicos, incorporándose el Paraguay autónomo a un modelo neocolonial que absorbiera mercancías y exportase materias primas. En segundo lugar, la Argentina de Mitre vería el peligro de una posible alianza entre sus recientemente vencidos enemigos internos (los federales) con sus aliados naturales: los Blancos uruguayos y el Paraguay de Solano López. Por eso Mitre apoyaría el levantamiento de los Colorados en Uruguay y la llegada al poder de Venancio Flores. López, que había avisado que no permanecería inactivo ante la ocupación del territorio oriental por los brasileños, temió verse desprovisto de alianzas regionales, y acorralado por los intereses y las exigencias de Argentina y Brasil (con quienes tenía disputas territoriales); consideró que la guerra era su única salida, desoyó a su difunto padre y en un acto de megalomanía declaró la guerra a ambos países.

   El papel de Gran Bretaña -que financió militarmente mediante empréstitos a brasileños y argentinos- no fue inocente sino claramente dirigido a imponer sus intereses en la región. El rol que cumplió fue -para esta mirada- el de un cuarto aliado.

   Las consecuencias de la guerra fueron desastrosas para el Paraguay, del cual -para el autor- la historiografía exageró su capacidad militar. Mientras tanto, para Argentina, la guerra, que había resultado muy costosa e impopular -esto último por la falta de cohesión interna y las simpatías de federales, entrerrianos y correntinos con Paraguay-, sirvió para asegurar la posición del reciente y débil gobierno de Mitre mediante las sucesivas intervenciones disciplinarias que tuvo que realizar en el interior, el envío de tropas al Paraguay y la eliminación de los potenciales aliados de sus opositores.

 

La tradición historiografía clásica, su refutación del revisionismo

   Bethell discute directamente con la postura del revisionismo, la cual para él carece de sustento empírico. Coincide en muchos aspectos, pero busca limitarse a los hechos y los halla desenvolviéndose consecuentemente a respuestas que dan las figuras políticas en juego. No es tratada la guerra en su trabajo como un plan premeditado, sino que es algo que ocurre sobre la marcha; tampoco considera el papel de Gran Bretaña en el conflicto como protagónico, mucho menos le confiere a sus intereses político-económicos la llave para comprender la clave del conflicto. Si fuera así, veremos, para Bethell los hechos y sus consecuencias serían otros.

   En principio, explica el devenir de los hechos haciendo énfasis en el protagonismo que tuvo la guerra civil uruguaya, analizando el control del territorio como uno en disputa desde la independencia. Coincide con Pomer en el hecho de que Mitre veía en los blancos un posible aliado para la residual oposición federal en las provincias; pero su apoyo a los colorados uruguayos, auténticos aliados regionales, se da también por motivaciones inmediatas, ya que los colorados uruguayos lo habían apoyado en la guerra civil argentina de 1861. Brasil, por su parte, apoyó la rebelión de los colorados por el incremento de sus intereses económicos y financieros en el país. El mismo se veía amenazado por una serie de medidas que pretendían restringir el asentamiento de brasileños y grabar el comercio fronterizo. Los súbditos del imperio del Brasil presionaban por la defensa de sus intereses.

   El gobierno de Uruguay vio entonces en Paraguay su único aliado. El mismo, además de ser un aliado natural, tenía disputas territoriales y por la libre navegación de los ríos, tanto con Brasil como con Argentina. Aunque finalmente Solano López envió un ultimátum al Brasil contra su intervención en el Uruguay, en principio dudó si intervenir efectivamente. Bethell coincide con Pomer en que percibió las acciones de Argentina y Brasil como una creciente amenaza para el equilibrio político regional, que garantizaba la independencia y la seguridad paraguayas. También, como Pomer, ve en la reacción de Francisco Solano la toma de una oportunidad para hacer sentir su presencia en la región, aunque a diferencia de él, no disminuye su capacidad militar.

   Al ser su advertencia ignorada e invadido el Uruguay, Solano tomó la decisión de declarar la guerra al Brasil. Cuando Argentina le impidió el paso por Misiones con el fin invadirlo, y llegar a Uruguay, Solano López le declaró también la guerra a Argentina e invadió la provincia de Corrientes. Por su iniciativa, a diferencia del revisionismo -que a su parecer victimiza a Paraguay y vuelve un chivo expiatorio a Gran Bretaña- Bethell confiere al Paraguay la principal responsabilidad en el estallido de la guerra, y cree que la misma podría haber sido evitada. Para este autor aún es materia de debate determinar hasta qué punto sus acciones fueron racionales y defensivas, o irracionales, agresivas y expansionistas. Su decisión demostró, claramente ser un error de cálculo y puso demasiado en juego; subestimo el potencial brasileño, pensó que Argentina seria neutral y confió en la posibilidad de que el bando federal argentino, Entre ríos y Corrientes pudieran impedir que se emprendiera una guerra contra Paraguay, o virar a su favor.

   Con respecto al supuesto revisionista que ve a Paraguay como víctima de la agresión capitalista e imperialista de un cuarto aliado (Gran Bretaña), Bethell lo ataca fuertemente. Si bien no niega que los préstamos y las armas británicas financiaron el bando aliado, ve en ello un interés puramente comercial, y le adjudica un papel menor, ya que solo el 15% o 20% de los empréstitos fueron destinados a inversiones de guerra. Numerosas veces Gran Bretaña había empleado la diplomacia de cañoneras en Latinoamérica, no fue así en el caso de Paraguay pese a que poseyó excusas para ejercerla. Según el autor, tampoco hay evidencia de que Gran Bretaña ejerciera la influencia necesaria para presionar a los gobiernos a una guerra indeseada, ya que por un tiempo antes de la guerra se cortaron inclusive las relaciones diplomáticas con el imperio de Brasil; y si bien los funcionarios británicos eran reconocidamente anti paraguayos por diferencias ideológicas, ello dió lugar a malos entendidos de escuelas históricas que pretendieron establecer un paralelo histórico con reivindicaciones políticas. Gran Bretaña hizo pocos esfuerzos por mediar en los sucesos, pero ninguna de las partes estaba muy interesada en una mediación, y su principal prioridad era la defensa de sus activos, que se hallaban mayormente en Brasil y Buenos Aires. Finalmente, si la guerra fue librada para incorporar a la economía paraguaya a la economía capitalista mundial, fracaso e hizo retroceder el proceso, ya que disminuyeron las importaciones – principalmente de maquinaria e instrumentos- que se habían empezado a realizar a partir de la década del 50, así como las exportaciones de materias primas.

   Según Bethell, la guerra significó un desastre enorme para el Paraguay (aunque no en la magnitud que el revisionismo quiso hacer ver): implicó una pérdida del 40% de su territorio y del 20% de su población; la economía también quedó en ruinas y se desarmó a su ejército. Para Argentina, significó graves pérdidas humanas, la consolidación del estado argentino, el dominio del enemigo interno y su arraigo en un mapa político-regional afín. Brasil, por otro lado, obtuvo todo el territorio que reclamaba, y -aunque la guerra le representó un costo financiero enorme- Paraguay quedo bajo su influencia; de la misma forma, la guerra estimulo su industria textil por la producción masiva de uniformes, así como por los aranceles a la importación con los que financiaron el déficit que la misma produjo. La guerra, a fin de cuentas, modernizo la infraestructura brasileña y promovió la causa de la reforma social, especialmente de la abolición de la esclavitud.

 

La lógica interna de la participación argentina: el aporte de Halperín Donghi

   Aunque muy diferentemente a Pomer, Halperín Donghi ve también la guerra con Paraguay desde la óptica de los procesos de consolidación nacional y las alianzas regionales; más particularmente desde el proceso argentino y sus conflictos políticos internos.

   Para él la victoria liberal que se da a nivel nacional solo puede consolidarse a través de conflictos externos; resalta en este punto, como los otros dos autores, el entrelazamiento de las luchas facciosas uruguayas y argentinas. Es en este sentido que narra cómo -frente al frágil equilibrio de fuerzas- la Argentina mitrista busca ejercer un apoyo discreto al bando Colorado. Cuando Brasil interviene directamente, López ve peligrar el equilibrio rioplatense, y juzgando inevitable el choque eventual con Brasil decide intervenir, creyendo que el bando federal argentino lo apoyaría. Mitre se ve presionado por los autonomistas a entrar en guerra con Paraguay, así sacar de una pasividad impostada a Urquiza y tener una excusa para eliminar los últimos resquicios tanto del federalismo al interior de la nación, como de sus aliados externos. Pese a la insistencia de sus antiguos aliados, Mitre elige actuar con cautela para no resquebrajar el orden interno alcanzado principalmente con Urquiza, en un contexto en el que el interior se resistía a la intervención del centralismo porteño; la Argentina se declara neutral. Una vez que se le deniega el paso a López por territorio argentino y el mismo invade corrientes, se abre la necesidad de defender el territorio nacional y se compromete a Urquiza: de aliarse con el iría contra los intereses nacionales sería el alibí perfecto para atacarlo o dejarlo fuera de la arena política. Sin embargo, y esperablemente, Urquiza se pliega a los intereses nacionales y proclama su solidaridad con la nación y el gobierno. Así, la guerra continúa siendo un asunto faccioso, pero se constituye como una causa nacional de la que tanto dirigentes como habitantes del interior se ven cautivos.

   Por su análisis se podría decir que Halperín privilegia también -como motivo de esta guerra internacional- el juego de alianzas entre gobiernos políticamente afines, pero halla en mucha mayor medida influenciado su desarrollo por la situación interna de cada país. Similarmente a Bethell, privilegia el desarrollo fáctico a la elucubración, y no asoma en su desarrollo la cuestión de una supuesta planificación inglesa de la guerra.

   Las consecuencias del conflicto son también analizadas por él en clave nacional, e incluyen el definitivo fraccionamiento del Partido Nacionalista -que rechaza la política titubeante de Mitre para con Urquiza- así como un enorme costo material y humano, la pérdida de popularidad, y la resistencia en el interior (tanto por las simpatías federales de las provincias con el Paraguay, como por la presión reclutadora que cada vez afectaba a sectores más altos de la sociedad).  La guerra del Paraguay fue el comienzo del fin para el Partido de la Libertad, ya que, en palabras de Halperín: “las pruebas que impuso fueron demasiado duras, las tensiones que introdujo en el cuerpo social demasiado poderosas”.

 

FUENTES

-Bethell, Leslie, La Guerra del Paraguay (1864-1870).

-Halperin Donghi, Tulio, Una nación para el desierto argentino, Buenos Aires, CEAL, 1982. Selección de apartados: “Una Nación para el desierto argentino”, “Un proyecto nacional en el período rosista”, “Treinta años de discordia”, “El consenso después de la discordia”, “Balances de una época”. [Corresponde al prólogo de Proyecto y construcción de una nación, Biblioteca de Ayacucho, 1980.]

-Pomer, León, “A guerra do Paraguai e a formação do estado na Argentina”, en Maria Eduarda Castro Magalhães Marques (org.), A guerra do Paraguai: 130 anos depois, Rio de Janeiro, Relume-Dumará, 1995.

 

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