12 de Octubre, día del Respeto a la Diversidad Cultural

Imagen: Oleo de Alfredo Vivero, pintor colombiano

 

¿Qué se festeja el 12 de octubre?, ¿Cuál fue el cambio en su sentido?

   Hace unas décadas, la respuesta hubiera sido corta y sencilla: sería que se celebraba la llegada de Cristóbal Colón en 1492; el “Descubrimiento” de América. En España, la festividad fue establecida desde 1913 como “Día de la Raza”, y servía tanto como recordatorio de su antigua gloria imperial, como para rememorar su pasado común con el continente, afianzando vínculos con América latina.

   Luego, siguiendo la iniciativa española, la mayoría de los países de América comenzaron a celebrar el día bajo el mismo nombre, con el fin de realzar el producto cultural y social, fruto del encuentro y la fusión entre los pueblos indígenas de América y los colonizadores españoles; el mestizaje, y nuestro patrimonio cultural común como pueblos hispanoamericanos.

   Sin embargo, acompañando el impulso de las corrientes históricas revisionistas, hace ya algún tiempo empezó a cuestionarse el significado que tuvo la conquista para los pobladores originales del continente. Ya de raíz, la idea de un “descubrimiento” de América por parte de los europeos, descarta o parece querer borrar la historia previa a la llegada de los españoles, así como omite la presencia de sus poblaciones ancestrales: América estaba habitada y fue conquistada; y su conquista fue violenta.

   Rememorar la llegada de Colón a América como el origen cultural de nuestras sociedades implica celebrar la historia americana como una extensión de la europea, tratar de destacar y festejar lo blanco y su imposición brutal en un continente que continúa negando sus raíces indígenas, así como reivindicar un ideal blanco “civilizatorio” en una estructura socioeconómica que sigue segregando y explotando a las comunidades nativas. Deja pendiente u omite la historia previa del continente, sus logros técnicos y su desarrollo político, planteando el inicio de la vida cultural como la conocemos en el continente con la llegada de los europeos. Tiende a ser europeizante, es la mirada de una latinoamérica que trata de ser blanca, de sociedades gobernadas por élites económicas, que tratan de insertarse globalmente en un mundo racista a la vez que absorben y buscan asimilar la llegada de los inmigrantes del viejo mundo.

Debemos recordar que, desde su inicio, la conquista de América significó el sometimiento violento del continente; el exterminio de los pobladores originales del Caribe, producto de las enfermedades y la ilimitada explotación de los españoles en su ansia de oro. Luego de desarticulados los grandes imperios de américa, el dominio posibilitó la redirección de los tributos y la labor forzosa hacia sí mismos, la repartición de la fuerza de trabajo indígena a los conquistadores en el sistema de encomienda; y su enriquecimiento por derecho de conquista.

   Y debemos recordar también que mas allá de una “mentalidad de la época”, las matanzas y el padecimiento de los naturales eran vistos como abominables y rechazados por algunos peninsulares (véase Bartolomé de Las Casas); esto significa que más allá de un relativismo moral que facilitase la conquista violenta “deshumanizando” al otro, estaba dada la capacidad de cuestionar el accionar en América: había voces que lograban ver el daño y el sufrimiento que se estaba impartiendo, y que denunciaban la perversión de la empresa “civilizadora”

   Ya varios siglos después, en Argentina, para cuando Hipólito Yrigoyen decretó en 1917 la fecha como una de celebración nacional, no hacía tanto se había efectuado la Conquista del desierto (1878-1885), en la cual, para la extensión del territorio nacional se procedió al desplazamiento forzoso, exterminio o repartimiento de los indígenas de la región pampeana y la Patagonia.

   El hecho de enarbolar en alto -y como sociedad toda- la idea de un origen europeo no es fortuito, sino que es producto de un rechazo y sometimiento histórico de un “otro” indígena; un “otro” que en muchos casos forma parte de nosotros, que es una idea nacida de la negación social del mestizaje y de la cultura previa de nuestro continente. La misma idea de raza nace de una división artificial de la humanidad en agrupamientos biológicos diferentes, que solo sirvió teóricamente para “naturalizar” el dominio de unos individuos por sobre otros, vistos como “más primitivos” o “menos evolucionados”. Se pretendía celebrar la conformación de la raza hispanoamericana, pero en definitiva solo se valoraba la cultura europea y se pretendía fuera ella la causa común y de orgullo, incurriendo en fuertes omisiones históricas y culturales y en una negación de la identidad.

   Mas allá del racismo, la omisión de la historia de los vencidos y la construcción de una identidad parcializada, las consecuencias de la conquista son sufridas aún hoy materialmente por las comunidades indígenas, que deben disputar la posesión de sus tierras con los terratenientes y el estado, y para las cuales no se garantiza igual acceso a sus derechos básicos. Reconociendo esta situación, progresivamente, numerosos países comenzaron a re-significar la fecha reivindicando a las culturas originarias y a la tolerancia intercultural.

   Tal es el caso –entre otros– de la Argentina, donde desde el año 2007 existió un proyecto de decreto presentado por el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) para modificar el nombre de “Día de la Raza” por el de “Día de la Diversidad Cultural Americana”. El mismo fue aprobado por medio del Decreto de Necesidad y Urgencia 1584/2010 emitido por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el cual “[…] modifica la denominación del feriado del día 12 de octubre, dotando a dicha fecha de un significado acorde al valor que asigna nuestra Constitución Nacional y diversos tratados y declaraciones de derechos humanos a la diversidad étnica y cultural de todos los pueblos.”

   De esta manera, se estableció también en el Plan Nacional Contra la Discriminación que el 12 de octubre sea un “día de reflexión histórica y diálogo intercultural”, dando paso al análisis y la valoración de la enorme variedad de elementos que los pueblos indígenas y afrodescendientes aportaron a nuestra identidad.

   Desde ElHistórico, creemos importante que estas medidas no impacten solo como una mera corrección política o un elemento discursivo; que es fundamental emprender la lucha por la reivindicación de estas raíces en la cultura popular latinoamericana, resaltando la historia como fruto de la resistencia activa por parte de los oprimidos. No somos románticos, entendemos que la historia está atravesada por el choque de civilizaciones, y no pretendemos idealizar las sociedades precolombinas. Sabemos que ayer y hoy hubo sometidos y opresores y que -aunque no nos guste- el daño ya fue hecho y el sufrimiento ocasionado. Sin embargo, de la misma forma, entendemos que para la superación de su inequidad la sociedad tiene una deuda pendiente, material y simbólica con los pueblos originarios. Para comenzar a pagarla, debemos construir una narrativa que no sea solo la de los vencedores; que cuestione, más bien, los privilegios de estos sin ser condescendiente o paternalista con los actores excluidos: ese es el ideal de una historia completa. Desde la misma, se debe dar un mayor entendimiento de nosotros como sociedad, de nuestra multiculturalidad y de nuestros orígenes comunes; cuestionando el relato de la historia “oficial”, fomentando la aceptación y convivencia con el otro, entendiendo lo que de él tenemos, apoyando sus legítimos reclamos y condenando la inequidad y la violencia en los tiempos en los que nos toca vivir.

 

 

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