Las Reformas Borbónicas

 

  En esta entrada explicaremos los cambios que introdujeron las Reformas Borbónicas en el mundo colonial, para posteriormente –en otra entrada– ahondar sobre su vinculo con las  Rebeliones andinas, a las cuales sirvieron de contexto.

  En una nota previa cabe destacar dos cosas:  en primer lugar, la inexistencia de una planificación general o conjunta de las reformas, las cuales implicaron la toma de medidas sobre la marcha y con miras a un fin común: el aumento del control y la recaudación fiscal en las colonias. En segundo lugar, la magnitud y el carácter sin precedentes de estos levantamientos, pese a las condiciones y las cargas preexistentes que se imponían a la mayoría indígena.

 

Reformas administrativas – Limitación a las élites locales

  Aunque adquirieron ritmo y coherencia a partir de la ascensión al trono de Carlos III en 1759 y hasta la muerte del ministro Gálvez en 1787, las reformas se habían comenzado a implementar de a poco desde el reinado de Fernando VI, con el sentido de “reorganizar la economía, cobrar mejor y más impuestos, defender el territorio, terminar con el contrabando y disciplinar a la población de las colonias” (Gelman: 251).  Para lograr estos objetivos, resultaba necesario el desplazamiento de las élites criollas de su posición de poder; éstas, mediante la compra de cargos controlaban la recaudación fiscal y la mano de obra indígena, a la vez que se beneficiaban del contrabando haciendo uso y despliegue de auténticas redes de contactos.

  Como demostrará Moustoukias – y pese al monopolio comercial que teóricamente poseía la metrópolis- actividades ilegales como la del contrabando no eran desconocidas por la corona, la cual lo toleraba hasta cierto punto y pese a la legislación, consciente en un inicio de que precisaba pobladores estables en las colonias y un estímulo para la adquisición y cumplimiento de los cargos públicos (los sueldos eran entonces bajos o nulos). A los navíos autorizados a comerciar con las colonias se les cobraba, por ejemplo, las infracciones por anticipado, y las autoridades coloniales percibían una ganancia de una u otra forma, la mayoría de las veces de tipo comercial; esto se inscribía en una lógica de dominio territorial indirecta, de fuerte autonomía local y en la que el cumplimiento efectivo del servicio a la corona era asegurado mediante un uso lucrativo y privado del poder público.

  Se intentaría desarticular esta lógica paulatinamente desde la metrópolis, buscándose el posicionamiento de agentes peninsulares leales a la corona en los cargos de poder; a su vez esto se acompañaría con medidas de derogación de la política de aislamiento comercial: la complementación del sistema de flotas y galeones con los navíos de registro en 1721 permitió el comercio de algunas embarcaciones españolas por fuera de las viejas rutas monopólicas; más tarde, en la guerra de los siete años, por “la íntima alianza militar con Francia se afirmó una presencia del comercio y la navegación franceses de las Indias”, y mediante el Tratado de Ultrecht una compañía inglesa poseería el monopolio del tráfico de esclavos en las indias españolas (Halperin: 51). Esta apertura ocasionaría fuertes molestias para el sector de comerciantes coloniales, que verían crecer una afluencia de mercaderías europeas con las cuales no podrían competir (por la diferencia entre el costo del transporte terrestre y el marítimo), debiendo diversificar en muchos casos los bienes producidos, cambiar de especialización o buscar mercados alternativos.

  De la misma forma, se enviaron visitadores a las colonias para inspeccionar la conducta de las autoridades y sugerir medidas viendo el estado de los asuntos financieros y de gobierno. Para aumentar la fiscalización y control de las colonias se crearon nuevos virreinatos (Nueva Granada en 1739 y el Virreinato del Río de la Plata en 1776), capitanías, audiencias e intendencias; quitándosele atribuciones a los cargos del virrey.  La creación del virreinato del Río de la Plata afectó además a los intereses mercantiles de Lima, con la reorientación atlántica del Alto Perú.

 

Reformas religiosas – Cambios en la legitimidad monárquica

  Por otro lado, las reformas generaron un cambio en la fundamentación de la legitimidad de la autoridad metropolitana. La relación con la Santa Sede -ya desde un principio tensa luego de la Guerra de Sucesión Española- fue mutando por el interés de la monarquía en poseer el monopolio del poder en las colonias, y en no precisar a la iglesia para justificar el mismo. Esto fue posibilitado por la limitación del privilegio y el fuero eclesiástico: “con sucesivos decretos, la inmunidad eclesiástica fue declarada como intrínsecamente ilegal y se fue restringiendo” (Acosta Rodriguez: 351). A su vez se buscó absorber el excedente económico que percibía la iglesia y disolver cualquier idea en el continente contraria al regalismo oficial; un claro ejemplo es la expulsión de los jesuitas en 1767 y el remate de los bienes de la orden; también se puso bajo el control y la aprobación de los corregidores a la recaudación de los curas doctrineros.

  En definitiva, se quiso lograr que el poder real dejara “de aparecer como esencialmente de origen divino y paternalista, para asociarse más directamente a los resultados materiales y económicos que consiguiera para sus reinos” (Gelman: 259) esto, en la medida en la que fue logrado, generó el problema de posibilitar un cuestionamiento del orden dominante en relación a los resultados inmediatos percibidos. No solo a nivel general y teórico, si no inclusive al interior de la iglesia, vemos como -a pesar de que muchas revueltas fueron anti eclesiásticas por el pago obligatorio de diezmos y de servicios no remunerados- estas medidas llevaron a que una cantidad de curas de indios apoyaran la sublevación de Tupac Amaru en 1780; o cuanto menos, a que se mantuvieran en una posición cuidadosamente ambivalente hacia ambos bandos.

 

Reformas Militares – El sistema de milicias

  El fin mismo de las reformas -la recaudación fiscal- fue a su vez un objetivo fallido, dado que el control administrativo y la defensa de las colonias absorbían en gran medida los excedentes recaudados.

  Con el fin de reducir los costos de la defensa de los territorios americanos (y defenderlos en forma efectiva), posteriormente a la Guerra de los Siete Años y a la humillación que sufrió España al perder La Habana a manos inglesas, se “optó por armar sistemáticamente a los colonos en el marco de un cuerpo de milicias” y por “defender de manera económica los reinos americanos con un sistema de plazas fuertes” (Kuethe: 325). La ventaja que proporcionaba este sistema era, claramente, el abaratamiento de los costos militares -ya que los milicianos cobraban solo por los días en servicio-, así como la defensa a tiempo de las colonias.

  El enorme problema que esto generaba -y el cual extraña no contemplasen las autoridades metropolitanas- es aquel de formar “un ejército colonial dominado por los criollos y financiado por ellos mismos” (Kuethe: 347) en un contexto de tensiones en el que se trataba de limitar el poder de las elites locales. Esta legitimación de la defensa del orden por parte de los mismos habitantes puede haber llevado a que ante la percepción de una injusticia -o de una contradicción a las normativas reales- la población se sintiera con el derecho de aplicar correctivos.

 

Milicias de la ciudad de Buenos Aires repeliendo las invasiones inglesas (1806-1807)

 

Consecuencias

  Además del inconveniente de posibilitar cuestionamientos al orden, las reformas borbónicas encontraron muchos límites y despertaron múltiples resistencias, tanto de parte de las élites, como de la plebe y del grupo de indígenas tributarios. El problema de la corrupción -por ejemplo- no fue solucionado efectivamente, si no que por la integración de los peninsulares a la élite criolla los mismos se vieron formando parte del circuito de beneficiarios del poder público. En los casos en los que la administración seguía con rigidez las normativas reales se perdía capacidad de negociación entre los intereses particulares de los actores locales y aquellos de la metrópolis, generando tensiones nuevas o agravando precedentes; estos actores locales “verán las reformas como una amenaza potencial y real, ya que cercenan sus jurisdicciones políticas y ponen en tela de juicio sus monopolios” (Gelman:262).

  Enumerando brevemente, como marco general provisto por las reformas borbónicas a las rebeliones andinas podemos apreciar: Económicamente, un aumento muy grande de las cargas fiscales, el cambio en las rutas comerciales preestablecidas y el reemplazo de bienes de producción americana por importaciones europeas. Políticamente, un desplazamiento de las elites criollas de sus cargos de poder y la creación de nuevas unidades administrativas. Militarmente, la delegación de autoridad en los pobladores locales y el suministro de armas a los mismos, el encargo de la defensa directa del territorio. Ideológicamente, el paso a una mentalidad que justifica el dominio administrativo directo de la metrópolis en búsqueda de resultados inmediatos, así como también un debilitamiento de la relación entre la iglesia y el estado colonial.

  Estos cambios perjudicarían a las elites, irían contra una larga tradición de administración local, y posibilitarían cuestionamientos al orden por parte de las colonias – ahora en armas- Una de sus consecuencias directas serían los levantamientos  indígenas liderados por Tupac Amaru y Tupac Katari. De estos, y del efecto desencadenante que ejercieron las reformas hablaremos en una entrada posterior.

 

Bibliografía

ACOSTA RODRÍGUEZ, Antonio, “La reforma eclesiástica y misional (siglo XVIII)”, en Historia General de América Latina, vol. IV: Procesos americanos hacia la redefinición colonial, París-Madrid, Ediciones UNESCO/Editorial TROTTA, 2000, pp. 349-374.

GELMAN, Jorge, “La lucha por el control del Estado: administración y elites coloniales en Hispanoamérica”, en Historia General de América Latina, vol. IV: Procesos americanos hacia la redefinición colonial, París-Madrid, Ediciones UNESCO/Editorial TROTTA, 2000, pp. 251-264.

HALPERIN DONGHI, Tulio, Reforma y disolución de los imperios ibéricos, Madrid, Alianza, 1985. Cap. 1

KUETHE, Allan J., “Conflicto internacional, orden colonial y militarización”, en Tandeter, Enrique (dir.), Historia General de América Latina, Vol. IV, Madrid, UNESCO, 2007, pp. 325-348.

MOUTOUKIAS, Z., “Burocracia, contrabando y auto transformación de las elites. Buenos Aires en el siglo XVII”, en Anuario del IHES, Tandil,1988, pp. 215-243.

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